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domingo, 29 de mayo de 2011

Lo que no dice Verbistky cuando habla de Kirchner


La edición dominical de Página 12 dedica su entera tapa a la columna de Horacio Verbitsky en la que intenta reivindicar al bueno de Néstor Kirchner basándose entre otras cosas, y tal como se hizo previamente en la blogósfera oficialista entre el viernes y el sábado pasados, en un video “de 1983”.

La columna del otrora periodista de investigación preocupado por los hechos de corrupción del gobierno de Carlos Menem (PJ, 1989 a 1999), intenta refutar parte de la construcción argumental del último libro de Sarlo, defendiendo al matrimonio presidencial principalmente en la arena de su relación con Clarín y en la política de Derechos Humanos.

Pero HV incurre en sorprendente omisiones en pos de elucubrar la argumentación de su defensa de CK y NK.

La cuestión de los Medios

La prórroga por diez años de todas las licencias de radiodifusión, dispuesta en mayo de 2005 por el decreto 527, no fue un favor al Grupo Clarín (que acababa de renovar las suyas) sino a sus competidores de los canales de televisión 2 y 9, que las tenían a punto de vencer y para colmo estaban en convocatoria de acreedores”, sostiene Verbistky en su primea defensa. La renovación de todas las licencias, parece querer decir HV, no fue tanto un acto de generosidad con los intereses económicos de los propietarios de Clarín, sino que sirvió más bien para dotar de oxígeno a otros grupos económicos con intereses en medios audiovisuales, como Daniel Hadad. Curioso eufemismo para decir que en definitiva el decreto 527 beneficiaba a todos los dueños de medios en el país, Clarín incluido.

Sucede que en rigor de verdad, el mencionado decreto renueva todas las licencias audiovisuales en general, sin referirse a ninguna en particular, y por lo tanto, en su texto no hace mención a Canal 2, ni al 9. La anterior renovación que hiciera Kirchner de las licencias de Canal 13 y Canal 11 en diciembre de 2004 también se vió afectada por el decreto, que suspendió el conteo de los años de los plazos de las licencias de todos los canales, y benefició por lo tanto también a Magnetto.

Lejos de lo que intenta transmitir Verbistky, el decreto fue ampliamente rechazado por sectores afines al kirchnerismo por su alineación con los grandes grupos concentrados de medios. Ved por ejemplo lo que sostuvo la Dirección y Junta de las Carreras de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, que “rechazan y deploran la sanción del Decreto”:

Una vez más, la política de comunicación se resuelve por decreto sin discusión pública”.

El gobierno otorga un beneficio inaudito a los propietarios de medios de comunicación que formaron grandes grupos concentrados durante la década de los ´90”.

El decreto 527/05 otorga la suspensión del plazo de las licencias sin establecer ninguna contraprestación de parte de los beneficiarios”.

“(..) una línea de política comunicacional de parte del gobierno acorde a los intereses de los propietarios de medios de comunicación”.

Por supuesto, Verbistky sostiene que la razón por la cual el bueno de Néstor no se enfrentó a Clarín durante la totalidad de su mandato (recién lo hace a través del mandato de su esposa, a partir de 2007) “obedece a debilidad objetiva y subjetiva”. Esta es una argumentación más apropiada para justificar, en todo caso, la sanción de la Ley de Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales que protegió a medios de comunicación, y que se conoció como “Ley Clarín”. Recordemos, el bueno de Kirchner sancionó esta ley a días de contar apenas su primer mes en el gobierno, en Junio de 2003… Pero resulta una argumentación poco sólida para un presidente con ya casi 2 años de funciones, y quien gozaba de una “primavera política” significativa.

Las banderas de los Derechos Humanos

El otro pilar sobre el que construye Verbitsky su endeble defensa del kirchnerismo es un video de aparición reciente, en el que se ve a un joven Néstor clamando por el juicio a las juntas militares.

En efecto, y convirtiéndose así en un jugador tardío de la amplia operación de difusión que hicieron los blogs nac&pop, Verbitsky reproduce en Página 12 el mensaje (¿central?) de un video “del año 1983” en el que el bueno de Néstor sostiene que “siempre dijimos que Videla y Massera y Agosti, y todos los sinvergüenzas que vinieron después, iban a ser sentados en el banquillo de la justicia constitucional para que respondan ante tantos abusos y ante tantos crímenes cometidos contra este pueblo”.

Con esa rotunda frase, Verbistky intenta reivindicar a Kirchner, al hacerlo contrario a la idea imperante en la mayoría del pensamiento del PJ de la época, respecto del juicio a las juntas. Se sabe, el candidato presidencial del Justicialismo para las elecciones de 1983 se había manifestado proclive a aceptar la autoamnistía de las autoridades militares, en oposición a los deseos del candidato de la UCR, Raúl Alfonsín (gobierno durante el cual se llevaron, efectivamente a cabo, los Juicios a las Juntas y a terroristas guerrilleros).

Presumir que se reivindica la posición de Kirchner porque adscribía a la audaz idea de enjuiciar a los militares, expresa más un deseo y un anhelo, que un hecho fáctico. Hay poco, muy poco, de Kirchner en el campo de la defensa de los DDHH en toda su trayectoria política previa a su llegada al gobierno en 2003.

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sábado, 30 de abril de 2011

Un homenaje a Sabato que sólo el Kirchnerismo podría objetar


Prólogo original del Informe "Nunca Más" de la CONADEP, escrito por el genial Ernest Sábato y que sólo al Kirchnerismo se le ocurriría modificar (* - al final del post).

Gracias Maestro. Gracias por su inmensa labor. Descanse en paz.

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Durante la década del '70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares.

Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura».

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Nuestra Comisión no fue instituída para juzgar, pues para eso estan los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria.

De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de «excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores» . Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia» , revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.

Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban «zona libre» a las comisarías correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzanas y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto de comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonad toda esperanza, los que entrais».

De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra - ¡triste privilegio argentino! - que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.

Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus ¦ldas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbres y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inutiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa.

En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a justificar el horror: «Por algo será», se murmuraba en voz baja, como queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimientos sin embargo vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los «subversivos», con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada, porque el epiteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible. En el delirio semántico, encabezado por calificaciones como «marxismo-leninismo», «apátridas» , «materialistas y ateos» , «enemigos de los valores occidentales y cristianos» , todo era posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esosamigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos, en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores.

Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita verguenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza.

De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.

Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua, porque debimos recomponer un tenebrosos rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado liberadamente todos los rastros, se ha quemado toda documentación y hasta se han demolido edificios. Hemos tenido que basarnos, pues, en las denuncias de los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del infierno y aun en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron a nosotros para decir lo que sabían.

En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de «la guerra sucia» , de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente.

Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crimenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo.

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Unicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado
.

Fuente, acá.

(*) El cambio del Prólogo por parte del Kirchnerismo me genera un inevitable el recuerdo de este post. No hay caso: el Kirchnerismo está enamorado de esos actos que son para la tribuna... o la gilada.

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martes, 25 de enero de 2011

Que se dejen de joder los de Human Rights Watch!


Con el reparto de la pauta oficial sucede algo curioso. Los acérrimos Kirchneristas directamente no entienden la objeción que se les hace sobre la discresionalidad del reparto.

Para ellos, es tan evidente el tema, que sencillamente no son capaces de comprender la objeción.

Fiel ejemplo de ello, son los dichos del presidente de la agencia estatal Telam, Martín García (padre del periodista de espectáculos, y habitué del nac&pop Darwin San Isidro, Camilo García):

"Es como cuando le plantean al gobierno que le da más pauta a los medios amigos que a los enemigos, ¿qué le va a dar más pauta a los medios enemigos?", sostuvo, casi a modo de exabrupto, recientemente en Rosario. Para rematar luego, "Que se dejen de joder! No sean caraduras!".

En estas iluminadas mentes, son ellos los dueños de los recursos del Estado. Y son ellos, por añadidura, los que poseen el absoluto derecho de controlar, a su criterio, la forma en que se emplean esos fondos públicos.

En palabras de Luis XIV: L'état c'est moi, claro que sí.

La pauta oficial se gasta en medios amigos, ¿entienden gorilas? ¿O van a esperar que les demos algo a los enemigos del pueblo?

Hoy la organización internacional e independiente Human Rights Watch publicó su informe anual sobre nuestro pais. Es interesante observar lo señalado en materia de libertad de expresión...

- Ley de Medios (ley que simpáticamente aquí denominamos "Ley de Miedos"): "La nueva ley contiene definiciones imprecisas sobre qué tipo de "faltas" podrían dar lugar a sanciones, como la revocación de licencias de difusión".

- Reparto de la pauta oficial: "La falta de criterios transparentes en la asignación de contratos de publicidad oficial en el ámbito federal y en algunas provincias genera un riesgo de discriminación política contra medios que critican a funcionarios gubernamentales".

Supongo que no resulta raro, en consecuencia, que esta ONG internacional haya sido criticada en Venezuela, y sus representantes expulsados del caribeño país....


¿Qué dirá la blogósgfera oficialista sobre los imperialistas del HRW?


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jueves, 23 de diciembre de 2010

Un cuarto de siglo más tarde


15 de Diciembre de 1983. Apenas 5 días antes, había asumido Raúl Alfonsín como presidente, tras el retorno de la Democracia. En las elecciones había derrotado al justicialista Italo Argentino Luder (PJ), candidato que "se había pronunciado por garantizar la autoaministía" firmada por el dictador Bignone.

Ese histórico día, Alfonsín firmó los decretos 157 y 158, mediante los cuales ordenaba enjuiciar a las cúpulas terroristas y a las juntas militares, respectivamente. Ese mismo día, Alfonsín creó, además, la CONADEP.

Ni siquiera había pasado una semana desde su asunción, y Alfonsín ordenaba enjuiciar por primera vez en la historia de Latinoamérica a los máximos responsables de un sangriento golpe militar. Estamos hablando de enjuiciar a quienes hasta apenas 5 días atrás gobernaban de facto el país...

Dos años más tarde, el 9 de Diciembre de 1985, se conoce el veredicto del Juicio a las Juntas que Alfonsín había ordenado.

Jorge Rafael Videla fue condenado a prisión perpetua, al igual que Eduardo Emilio Massera. Recibieron penas menores Viola, Lambruschini y Agosti.

Argentina lograba, por primera vez en Latinoamérica, enjuiciar y encarcelar a los responsables de un sanguinario golpe militar.

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29 de Diciembre de 1990. Apenas un año y medio después de asumir, el presidente Menem (PJ) indulta a Videla, Massera, Agosti, Viola y Lambruschini. Mediante otros decretos de ese mismo día, indulta a Camps, Firmenich, Martinez de Hoz y Suarez Mazon.

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Pasaron 25 años desde el año en que la Democracia argentina condenó, por primera vez en su historia, a las cúpulas militares y terroristas, máximos responsables de la mayor tragedia de nuestro país. Repito aquí lo expuesto tiempo atrás: me cago en todos ellos.

No hay caso. Me genera simpatía el ingenuo agite Kirchnerista de las banderas de los Derechos Humanos...

Recuerdo el acto en la ESMA en 2004, cuando del bueno de Néstor ninguneó a Alfonsín. Claro, advertido del entendible malestar que generó su perdida de memoria, tuvo que comunicarse con el ex presidente y pedirle disculpas.

A aquellos que ayer se alegraron por la condena a Videla, simplemente les recuerdo que hace 25 años, ese mismo dictador ya había sido condenado.

Un cuarto de siglo antes.

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sábado, 2 de octubre de 2010

Tu pueblo no tiene Justicia


Finalmente, el gobierno argentino decidió que al guerrillero Apablaza le fuera concedido el status de refugiado político.

El timing del anuncio no pudo ser más oportuno: durante las horas más tensas del conflicto en Ecuador, mientras todos los diarios, blogs, twitters y noticieros se ocupaban de los incidentes en Ecuador, la Conare (dependiente del Miniesterio de Interior) dio a conocer su resolución.

Es decir, Argentina no considera que en Chile estén dadas las condiciones para un juicio justo para el ciudadano Apablaza. Y por lo tanto, le concede refugio en nuestro país.

Desde Chile, no tardaron en reaccionar. A las quejas del presidente, se le sumaría una queja formal, tal como se lee en El Mercurio de Santiago: "una fuente vinculada al tema confirma que se prepara una nota de protesta para ser entregada a la Casa Rosada, la que podría ir acompañada de otras medidas que demuestren el negativo impacto que esto tendrá en la relación bilateral. El Gobierno marcará un antes y un después en la forma de relacionarse con Argentina".

El senador Chadwick fue enfático: "El parlamentario acusó a la gobernante trasandina (NdE: Se refiere a Cristina Kirchner) de ser la responsable de que el gobierno argentino ampare hoy a asesinos y terroristas (...) No hay más responsables, es la Presidenta Fernández. Y aseguró que serán perseverantes en denunciar al gobierno argentino en organismos internacionales por su conducta arbitraria y violadora de los derechos humanos".

Como sostuvimos aquí hace ya unas semanas, el riesgo Apablaza es real y concreto, especialmente en términos de relaciones con la hermana república trasandina.

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lunes, 20 de septiembre de 2010

Los riesgos de Apablaza


La Corte Suprema de Justicia, cuya nueva composición es considerada por algunos como el mejor legado del Kirchnerismo, ha dejado en manos del Poder Ejecutivo la llave para definir la extradición de Sergio Galvarino "Comandante Salvador" Apablaza Guerra.

Al sostener que los crímenes de los que se lo acusa "son ajenos a la tradicional noción de delito político", la Corte autorizó su extradición. Ahora es el Poder Ejecutivo el que debe resolver a favor de la misma, o otorgarle asilo político y negar su extradición a Chile.

En nuestro país, diversas agrupaciones solicitan que se le reconozca status de refugiado político, dado que "luchó por su país". En esta particular visión, su lucha consistió en ordenar el asesinato de un senador electo en democracia: "Conocido como comandante Salvador, Sergio Apablaza Guerra llegó al país huyendo de la Justicia chilena en principios de 2003 acusado ser el autor intelectual del asesinato en 1991 de ex senador de la Unión Demócrata Independiente (UDI) Jaime Guzmán Errázuriz, considerado "el heredero" de Augusto Pinochet; y el secuestro de Christina Edwards del Río, una empresaria vinculada al popular diario El Mercurio", según leemos aquí.

En Chile en 1991 ya regía el gobierno democrático de Patricio Aylwin, aunque Augusto Pinochet era aún el mandamás del Ejercito. El asesinado senador Guzmán, cuya foto ilustra el post, había sido elegido por el voto popular en 1990. Fue asesinado el 1º de abril del año siguiente, por el Frente Patriotico Manuel Rodriguez (FPMR), en lo que fue el primer asesinato de un senador en la historia democrática de Chile. Los autores intelectuales señalados fueron Apablaza, Mauricio Hernández Norambuena y Juan Gutiérrez Fischmann.

El único condenado por el momento es Hernández, quien cumple condena de 30 años en prisión. Fischmann huyó a Cuba, país que se niega a extraditarlo. Y Apablaza vive en Argentina, a la espera de una definición de la administración Kirchner.

Es justamente la llegada al gobierno del bueno de Néstor que Apablaza decide quedarse en nuestro país. La explicación la realiza el mismo, en sus palabras, de la siguiente manera: "Decidí establecerme definitivamente con la llegada del gobierno del presidente Kirchner (...) Vi la reivindicación que hizo este gobierno a la memoria de las víctimas de la dictadura y la actitud digna respecto de los derechos humanos. Entonces yo decidí quedarme en la Argentina en los primeros meses del 2003 (...) Aunque estuve poco tiempo se generaron lazos que me hacen sentir parte de este país".

Es ahora el Poder Ejecutivo quien deberá resolver. Se espera que el Ministro de Interior Randazzo convoque a la Comisión Nacional para Refugiados (CONARE).

El presidente de la UCR, Ernesto Sanz, ha pedido la inmediata extradición del acusado. "Apablaza cometió un delito común en Chile, lo reconoció la justicia de ese país. Lo quiere juzgar por un delito común que no tiene nada que ver con la política", sostuvo.


En los próximos días veremos que resuelve Cristina Kirchner en la Casa Rosada, lugar donde trabaja, casualmente, la esposa del acusado Apablaza, la periodista Paula Chaín.

Considerando la gravedad de los delitos cometidos (asesinato y secuestro extorsivo), y el contexto democrático en que se cometieron, desde aquí esperamos una favorable resolución del Poder Ejecutivo en favor de la extradición. Deberá ser la Justicia Chilena quien juzgue al acusado. El riesgo de decidir lo contrario es muy grave, tanto institucionalmente como en términos de relaciones internacionales con el hermano publo Chileno.

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miércoles, 24 de marzo de 2010

No olvidar


Ya dijimos aquí Nunca Más, en su acepción amplia y absoluta, brutal. Y politicamente incorrecta. Hoy, 24 de marzo, volvemos a decirlo con fuerza y convicción.

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Es inhumano el uso político de las banderas de los Derechos Humanos
. Es amoral. El dúo presidencial ha tomado prestadas esas banderas, y las flamea políticamente. Hay convicción en esa acción? O es mero intento de usufructo del discurso?

En su afán por autoproclamarse campeón de los DDHH, en un discurso en la ESMA en 2004 Kirchner ninguneó a Alfonsin, al olvidar el Juicio a las Juntas de 1985.

Aquí no olvidamos.

El Juicio fue el primero en su tipo en Argentina y en América Latina. Pero peor aún, siquiera contó con el apoyo explícito del principal partido del país, el Peronismo: el candidato presidencial del PJ en 1983, Italo Argentino Luder, apoyaba la validez de las leyes de autoamnistía de los militares.

De eso tampoco debemos olvidarnos.

Como tampoco olvidamos a Julio López, desaparecido durante el primer gobierno del bueno de Néstor, y sobre quién aún no tenemos información sobre su paredero.

A diferencia de la blogósfera oficialista, de Julio López tampoco nos olvidamos. A pesar del silencio oficial sobre el primer desaparecido de la democracia, nosotros no nos olvidamos.

La bandera del Nunca Más nos pertenece a todos. Es la consecuencia de nuestra mayor tragedia nacional, de esa herida aún abierta. Es la consecuencia de una década que enlutó al país.

No olvidamos a los milicos genocidas.
No olvidamos al terrorismo de estado.
No olvidamos a los cobardes terroristas.
No olvidamos. Punto.

Nunca Más.

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martes, 23 de marzo de 2010

Me cago


Voy a decirlo abiertamente. Adelanto que no es políticamente correcto (Rollo, al menos, así piensa). Pero desde "Nos Vemos" tenemos la siguiente convicción:

Me cago en la década del 70.
Me cago en los milicos genocidas, torturadores y apropiadores.
Y me cago también en los cobardes "jóvenes idealistas".
Unos y otros, enlutaron el país.
Unos habrán sido demonios. Los otros, no. O habrán sido medio demonio. O simplemente terroristas.
Como sea, me cago en todo ellos.

Nunca más.
Nunca más terrorismo de Estado.
Y nunca más terrorismo, a secas.

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viernes, 26 de febrero de 2010

Obsecuencia y traición, revisited


Si quien ahora lee estas palabras es un recurrente lector del blog, sabrá que hemos encarado el tema de la traición y la obsecuencia anteriormente (ver aquí).

En efecto, a comienzos de septiembre del año pasado, y en ocasión del escrache sufrido por la disidente cubana Hilda Molina en Buenos Aires, sostuvimos que no es traidor el crítico, sino que "el verdadero desleal es aquel que opta por un silencio obsecuente que traiciona los propios principios fundacionales de su ideología".

Sucedió que Molina había sido acusada de traidora por tan sólo criticar la realidad actual del régimen Castrista.

Peor aún, muchas veces una mera crítica a Cuba es vista (en ciertas mentes binarias) como la adopción de una postura pro-imperialista. ¡En serio! Me pasó, vean el link, no jodo.

En esta columna, sostenemos exactamente lo opuesto: el verdadero traidor es aquél que guarda un obsecuente silencio, acallando sus críticas ante claros desvíos de los (iniciales) ideales.

La muerte del albañil cubano Orlando Zapata Tamayo nos brinda un nuevo ejemplo del peligro inherente que conlleva la obsecuencia. Veamos quiénes hicieron declaraciones públicas condenando la muerte de Zapata, y quiénes guardaron obsecuente silencio.

En el primer grupo, y siempre dentro de sectores cercanos al progresismo, encontramos a Lula (aunque con algunas reservas), al presidente español Rodriguez Zapatero (aquí), a Amnesty International (aquí). Dentro de este grupo incluyo también a Página 12, que publicó la siguiente nota.

Lamentablemente, Cristina Fernández de Kirchner pertenece al segundo grupo. ¡Ah! Y vía Rollo, ahora también sabemos que califica dentro de este grupo el diario oficial de Cuba, Granma, que por supuesto nada informó al respecto.

Insistimos: criticar una injusticia es una obligación moral, cometa quien comenta esa injusticia. El obsecuente que guarda silencio, manifiesta así su propia bajeza moral, equiparándose a la del enemigo que dice luchar.

Hay muchos motivos para admirar a Cuba (educación y salud, por citar algunos ejemplos). Pero no por ello vamos a dejar de criticar la falta de libertad imperante allí.

Pd. En la foto, zapatillas Converse y el Che Guevara, convertido ahora en ícono publicitario.

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jueves, 3 de diciembre de 2009

Estamos ante una campaña antiargentina


Eso se solía esgrimir durante la dictadura 76-83 ante las críticas realizadas en el exterior por las violaciones de los derechos humanos en nuestro país. Las críticas, sostenían, eran parte de una maniobra orquestada por los enemigos del "pueblo", desde el exterior. Al catalogar las críticas como parte de una "campaña", se intentaba quitarles asidero, quitarles validez. Las críticas eran parte de una mentira destinada a generar cuestionamientos a la dictadura.

Fue entonces cuando Harguindeguy lanzó los famosos stickers "Los argentinos somos derechos y humanos". La contracampaña para detener la campaña. Historia tristemente conocida.

El Remediogate nos ofrece una variante contemporánea: la investigación judicial no se detuvo en el bancario Zanola (detención que debería obligarnos a replantear el monopolio sindical), sino que avanza y se acerca peligrosamente a la obra social de los Camioneros.

Ante las sospechas, ¿cuál fue la respuesta de Moyano?

"Es un ataque de la prensa hacia el gobierno". Un ataque orquestado por "la oposición" y "los multimedios" para afectar su imagen.

Ver acá y acá.

La historia se repite. Trágica y real.

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miércoles, 28 de octubre de 2009

No tolerar el disenso


El proyecto oficial de obtención compulsiva de muestras de ADN plantea un escenario sumamente difícil y doloroso. Aquí mismo sostuvimos que no teníamos una clara postura definida, habida cuenta de la confrontación de derechos. ¿Qué derecho prima? La respuesta no es sencilla, ni fácil, ni trivial.

Pero resulta inadmisible la resolución tomada por la Asociación Permanente por los Derechos Humanos ante los dichos de Carrió (CC). Como se sabe, la Asociación decidió expulsar a Carrió de su institución tras una votación unánime, como solamente había pasado antes con Menem (PJ), cuando se decidió su expulsión tras el indulto presidencial.

Analicemos las causas esgrimidas: "Dadas sus declaraciones públicas, absolutamente incompatibles con los principios y valores de los derechos humanos, la mesa directiva ha decidido separar a la señora Carrió de esta institución". El comunicado prosigue: "No sorprende la posición de Carrió ya que se ha manifestado en otras oportunidades en contra de la búsqueda de la verdad, la memoria y la justicia por los horrendos crímenes de la última dictadura".

En primer lugar, la APDH confunde la primacía del derecho a la intimidad de una persona (por sobre el derecho de los familiares a conocer la verdadera identidad de un desaparecido), con "los valores de los derechos humanos". Carrió no se muestra contraria a los "valores de los derechos humanos", sino que expresa su rechazo a la idea de primar el derecho a la identidad de los familiares, por sobre el derecho individual de intimidad del damnificado.
De aplicarse la lógica de la APDH, se llegaría así al extremo de acusar a Julio Strassera, fiscal en el histórico juicio a las Juntas Militares durante el gobierno de Alfonsín (UCR), de ir "contra la justicia por los horrendos crímenes de la dictadura". Sucede que Strassera se ha manifestado en contrario a la toma de muestras compulsiva cuando el afectado se niega.

En segundo lugar, nadie niega la importancia de castigar los crímenes cometidos. Pero ante el caso de que el propio damnificado se niega a realizarse el examen, no resulta claro cuál de ambos derechos prevalecen. Solamente de una lógica binaria y perversa se desprende que estar contra el proyecto oficial es estar a favor de la dictadura.

Por último, llama poderosamente la atención la resolución adoptada por la APDH, mostrándose intolerante ante una opinión en contrario. Los Derechos Humanos son universales y absolutos, pero jamás pueden ir contra los derechos humanos de los individuos. Ante un tema tan delicado y doloroso, se necesitaba mesura, meditación y tolerancia.

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lunes, 19 de octubre de 2009

Derechos encontrados


En 15 días se estima que llegará la reciento la ley de obligatoriedad de examenes de ADN.

Tema difícil si los hay. Y doloroso.

Sin dudas, es de carácter atroz el crimen de la apropiación de recién nacidos durante la última dictadura militar. Es entendible la necesidad de búsqueda, por parte de Abuelas y Madres, de los niños apropiados.

Es entendible, además, la necesidad de poder devolverla la identidad a aquellos niños con dudas acerca de su origen.

Así, leemos en El Argentino: "Si se sanciona la norma, la Justicia podría permitir y ordenar la recolección de elementos o pertenencias de cualquier joven que se sospeche que es hijo de desaparecidos para analizarlos y constatar su ADN, aunque la víctima no haya prestado su conformidad ".

Es la frase resaltada en negrita es la que plantea el verdadero interrogante acerca de este proyecto de ley.

Ante la no conformidad, ¿Qué derecho pesa más? ¿El derecho personal e individual a la intimidad de un supuesto hijo de desaparecidos, o el de la supuesta familia que sospecha de su identidad? Según Verbitsky, en Pásquin 12, la Corte Suprema ya se expidió, y aprobó examenes no invasivos aún cuando la víctima no haya prestado su conformidad.

Viene al recuerdo el caso de Evelyn Vazquez, quien se negó sistemáticamente a una extracción de sangre. La Corte Suprema le dió en su momento la razón, defendiendo su derecho a la intimidad. Pero se permitió el examen de ADN vía métodos alternativos a la extracción compulsiva. Finalmente se confirmó que Evelyn había sido apropiada ilegalmente, mediante el secuestro de su cepillo de dientes y ropa interior, confirmando entonces la sospecha de Abuelas.

La duda persiste. ¿Qué derecho pesa más? ¿El individual, relacionado a la intimidad, ó el derecho a la identidad por parte de la familia? Sigo dando vueltas, sin alcanzar una clara y definitiva definición.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

La blogósfera nac&pop se olvida de Julio López


Hace extactamente 3 años desaparecía Julio López, en plena democracia, durante el primer mandato del bueno de Néstor.

Hoy 18 de Septiembre se cumple el tercer aniversario de una desaparición sin explicación, y sin avances en la causa judicial.

Desde aquí nos hemos dedicado a este caso son anterioridad.

El silencio oficial es vergonzoso. Casi no hay declaraciones públicas del matrimonio K sobre este hecho. Justo ellos, tan discursivamente adeptos a los DDHH.

Pero tambien es vergonzoso el silencio de la blogósfera "nac&pop", que se ufana de un ya claramente falso progresismo. Hasta las 15 hrs de hoy, ni uno de los blogs oficialistas del blog-roll (que son unos cuantos) realizó un post referente a este lamentable incidente.Ni uno.

Puras habladurías. Lleno de discursos, pero vacío de valor. Así es la blogósfera oficialista. Lamentable, pero no sorpresivo. Como sostuvo Caparrós en Crítica, muchas veces parece que los sectores adeptos al oficialismo "creen en la palabra más que la vida misma". Puro discurso. A la pruebas me remito.

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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Los verdaderos traidores


"Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. Ud. señor, ¿qué hace?", frase que se le atribuye a Keynes.

Hilda Molina fue hostigada ayer en el Congreso. Aparentemente sus críticas a la Cuba actual (*) no son bien toleradas por algunos sectores (autodenominados) progresistas vernáculos.

Durante 15 años luchó por su libertad de viajar y visitar a su familia fuera de la isla. ¿Cómo se justifica semejante atropello? Ser crítico no implica traicionar ideales. Ser crítico ante una injusticia, cometa quien la cometa, es una obligación moral.

A tal punto llegó el hostigamiento ayer, que Hilda Molino se vió obligada a aclarar lo evidente: "Tengo derecho a opinar, y sobre mi país usted no sabe más que yo".

El régimen castrista ha involucionado hacia la opresión de su propio pueblo. Y esto es criticable desde cualquier ideología, creencia o militancia. El verdadero desleal es aquel que opta por un silencio obsecuente que traiciona los propios principios fundacionales de su ideología.


Fuente, acá.


(*) Hilda Molina apoyó el régimen castrista hasta 1994. Leemos en Crítica: "Hilda Molina fue diputada de la Asamblea Nacional del Poder Popular; fundó y dirigió el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), uno de los institutos de medicina más prestigiosos del mundo; y obtuvo varias condecoraciones del gobierno. Pero su buena relación con el régimen terminó en 1994, cuando su hijo Roberto Quiñones se exilió en Argentina".


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sábado, 23 de mayo de 2009

Una verdad incómoda


La verdad sea dicha: en Septiembre de 2006, durante el primer mandato de Néstor, Jorge Julio López se sumó a la lista de desaparecidos.

Para quien se ufana de ser un verdadero defensor de los derechos humanos, la desaparición en plena democracia de López ha de ser una mancha por demás incómoda. López sigue desaparecido.

Y en Septiembre de 2009 se cumplirán 3 años de su desaparición.

La presidente, hasta el momento, ha optado por no hablar abiertamente del tema. Casi no ha referencias públicas de Cristina sobre López o los esfuerzos oficiales por dar con su paradero.


No es de extrañar: hay muchos que consideran que el interés del matrimonio presidencial por los derechos humanos en la época de la dictadura era casi nulo.

No debemos confundir una pose, una postura meramente declamativa, con una convicción genuina.