martes, 21 de agosto de 2012

La posible infancia de Marcó del Pont



Eureka, podrían haber exclamado.

¿Te imaginás Papá, qué bueno sería poder hacer billetes en serio?”, preguntó con cara de haber tenido una genial idea.

Eso hacían, como se observa en la foto que ilustra el post. Una a una, las tres primas tomaban una servilleta del servilletero, y escribían en el reverso del papel un número absurdamente elevado. La cuota adicional de ternura lo aportaba la última cifra de los billetes: por alguna razón no descifrada por ninguno de los progenitores presentes, los “billetes” contenían un número que nunca terminaba en cero…

Decidí no responder su entusiasta, y melosamente ingenua, pregunta. Simplemente opté por inclinarme y besar su cabeza, mientras ella seguía, incesante, con su impresión...

Y mientras le pedía la cuenta al mozo, me puse a pensar en lo atinado que hubiera sido llamarla Mercedes


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