miércoles, 7 de diciembre de 2011

Con las leyes, un Perro




En su columna de Página 12 de hoy, Horacio Verbitsky hace su descargo por las críticas recibidas tras su exabrupto sobre Cobos y la jura del nuevo mandato que asegurará 12 años de gobierno Kirchnerista.

Tildando de “humorada” su soez insulto, el Canino responde atacando a cada uno de quiénes osaron criticar sus insolentes palabras. Sucede que el Gozque, fiel a su naturaleza, ladra mucho. Pero como tal, es también pequeño.

El Sabueso confunde, o malinterpreta, la letra de nuestra Constitución Nacional. Este hecho no debería sorprendernos, atento al sus pecados juveniles cuando Cachorro.

Escribe el Can:

Lástima que mi querido amigo Gil Lavedra, que tiene su Ravignani bien leído y que fue coautor de la reforma de 1994, no se haya acordado de la cultura cívica cuando el vicepresidente tergiversó el privilegio de desempatar a favor del Poder Ejecutivo que integra y en una situación crucial votó en contra, sin animarse siquiera a decirlo con claridad. Me hubiera gustado escucharle alguna opinión sobre la constitucionalidad de ese voto, no emitido por un legislador que responde a sus convicciones, sino por el representante del Ejecutivo en el Congreso”.

Antes de explicar que durante aquella votación por la 125 Cobos no actuó como representante del Poder Ejecutivo, no podemos dejar de notar la evolución del Faldero, actualmente sí preocupado por la constitucionalidad de algunos actos. Es un avance, y como tal, se celebra. El recurso de la marginalidad ha quedado, pues, apenas como un recuerdo de su imberbe juventud.


Leemos en La Nación una esclarecedora columna de Féliz Loñ:

“La Constitución Nacional establece que "el Poder Ejecutivo será desempeñado por un ciudadano con el título de 'Presidente de la Nación Argentina' " (art. 87). De la expresión "por un ciudadano" se desprende que el Poder Ejecutivo es unipersonal.

También la Carta Magna consigna que "en caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación" (art. 88). Este precepto indica que el vicepresidente no integra el Poder Ejecutivo porque solamente lo ejercerá en las situaciones que contempla la norma.

Cabe preguntarse qué pasa cuando el vicepresidente no desempeña la presidencia. La Carta Magna (art. 57) resuelve la situación diciendo que "el vicepresidente de la Nación será el presidente del Senado; pero no tendrá voto sino en el caso que haya empate en la votación". Es decir, que el vicepresidente tiene a su cargo la presidencia del Senado que es una función distinta a la del desempeño del Poder Ejecutivo. Por consiguiente, el presidente y el vicepresidente tienen atribuciones específicas que no se superponen ni entrecruzan.

En ocasión de la crisis del campo de 2008, Julio Cobos actuó exclusivamente como presidente del Senado al desempatar la paridad de la votación de los senadores (..). La Ley Fundamental, no da ninguna indicación acerca de cómo se debe desigualar la votación. Así, desde el ángulo constitucional, la actuación de Cobos no mereció ningún reproche”.






A la cucha, Horacio.







Pd. En este anterior post comentamos otra columna de Verbitsky en Página 12.








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martes, 6 de diciembre de 2011

La mitad de entonces, y la mitad de ahora - La (otra) columna de Fito Paez




Nunca Argentina estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser ese país deseado por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de electrodomésticos, LEDs y autos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los argentinos le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los argentinos le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace casi una década, repugna. Hablo por la aplastante mayoría kirchnerista que se impuso con el límpido voto nac&pop, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.


Aquí la mitad de los argentinos prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, descubrirse ahora como enemigos de los medios, y atontándose cada vez más con el ahora libremente distribuido fútbol para todos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento político a cambio de favores y retornos, sentirse molesto ante cualquier idea distinta a la propia, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del puntero de turno y siempre, siempre hacer caso a lo que manda la lealtad y los buenos compañeros.

Da asco la mitad de Argentina. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de un país que supo ser maravilloso con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de un país que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste del país se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.


No quiero eufemismos.


Argentina quiere un gobierno que sea diga progresista. Pero es un progresismo de mentirillas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del poder, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos, pero con discursos para muchos. Gente egoísta, pero con un discursivo afán por el resto. Gente con swing, pero también con suculentas y propias DDJJs. Eso es lo que la mitad de la República Argentina quiere para sí misma.





NOTA: Son pocas, muy pocas, las palabras que se cambiaron del texto original del amigo Fito. ¿Se espantarán ellos ahora?



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